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J. Llinares: “Negar compulsivamente la homosexualidad puede ser signo de no aceptación de la propia" PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 09 de enero de 2008

SB-Noticias.- El prestigioso psicólogo clínico Jaime Llinares, reflexiona sobre la actitud demasiado crítica habitual en ciertos estamentos del clero sobre la condición homosexual. Además, analiza desde el punto de vista de la psicología los efectos y secuelas que, tanto en los menores afectados como en la sociedad en general, pueden acarrear situaciones de secuestro como la que afectó hace unos días a una menor en Gran Canaria.

Sobre las consecuencias de los útimos acontecimientos vividos en las islas de intentos de secuestros a menores, así como de desapariciones o muertes, observa Llinares que “suponen una pérdida tan tremenda de valores, de brújula en la vida, de rumbo, que impacta”. Afirma sentirse conmocionado cada vez que conoce noticias como la del intento de secuestro de Sandra D.P., pues ello supondría la caída de la “concepción elevada, de la nobleza, de los valores” que cree presentes en la sociedad canaria. Entiende que la sociedad en la que algunos de sus miembros deciden secuestrar, torturar, matar, violar a niños, es una sociedad “con miembros cancerígenos, que enferman la salud, que portan un virus realmente mortal”, dice.

Observa el psicólogo un “bajón de valores, una depresión axiológica, una depresión de valores” que califica como “muy fuerte”, no sólo en la sociedad universal, sino también en la canaria. “Me parece tan increíble que un paisano mio sea capaz de una cosa de este tipo...”, cuenta sin ocultar su consternación y decepción, “pero hay columnas que caen, ídolos que se destruyen, y nos dejan hundidos en una desolación importante”.

Afirma que ante situaciones como la acaecida en Gran Canaria en los últimos días, lo primero que se debe hacer es no responder con miedo. “Tenemos que hacer un trabajo para que el miedo no atrape a nuestros niños y niñas, ni a nosotros”. Explica que el psicópata, terrorista o enfermo que, en algún momento, lleva a cabo acciones similares a ésta, “precisamente lo que pretende es implantar el miedo como una especie de cuerpo extraño, de prótesis dentro de nosotros”. Así, cree que si vivimos con miedo “somos esclavos de algo y de alguien”, perdiendo la libertad, la calidad de vida nuestro sistema nervioso “llama a la enfermedad”, dice Llinares.

“Tenemos que procurar que el miedo no nos atrape”, insiste el psicólogo clínico. Para ello se deben tomar medidas tanto en casa como en los colegios, sin prescindir por supuesto de las medidas defensa oportunas, pero sin alarmar y sin que el miedo nos atrape, pues éste es “un inductor tremendo de baja calidad de vida, de enfermedad, de tristeza”.

Explica que la principal secuela que puede ocasionar en los menores víctimas de intentos de secuestro es el miedo, “probablemente el alterador más importante del sistema nervioso”. Advierte que pueden producirse secuelas como el miedo a la libertad de movimiento, “a moverse en mi casa” dice Jaime Llinares, “que es mi propio barrio, mi ciudad”. Ese miedo produce la alteración de los instintos normales y básicos, como el sueño, el apetito o la respiración, que se bloquean. Afirma como especialista que, si los padres  y profesores saben reaccionar de manera que esos niños “saquen el mogollón interno emocional que se les ha formado”, expresándolo en palabras; si se habla de esto entre los niños, para que “relativicen la situación y no absoluticen lo sucedido”, explica, “entonces el miedo será más suave, más controlable, y no alterará tanto el sistema nervioso”.
En otro orden de cosas, Jaime Llinares expresó su opinión como experto en psicólogo clínico de actitudes más o menos habituales en el clero, como la denunciada por los familiares de un finado en la ciudad de Santa Cruz de La Palma contra el párroco de la Iglesia de El Salvador de la misma localidad. Éstos afirman que el párroco aprovechó el lleno de la Iglesia en el funeral para arremeter,  llegando incluso a incurrir en la falta de respeto, contra los homosexuales. Esto provocó que algunos de los presentes decidieran abandonar el templo. Además, afirman que no es la primera vez que esto ocurre.

Al respecto, Llinares entiende que se puede tratar de la denominada “formación reactiva”. Explica que es el mecanismo neurótico mediante el cual una persona afirma de manera compulsiva lo que inconscientemente niega o, al revés, niega de forma compulsiva lo que inconscientemente afirma. Recuerda al psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, quien advertía de estas reacciones compulsivas contra la homosexualidad como signos evidentes de personas homosexuales que no se aceptan como tales. “Son personas que no están viviendo de manera sintónica con su yo su propia homosexualidad”, cuenta Llinares. Señala que estas personas proyectan su homosexualidad en los demás y que una vez hecho esto “los castiga con compulsión”.

Indica que cuando las opiniones sobre algún tema se expresan y exponen con “ataques indiscriminados, brutales, compulsivos, son enormemente sospechosos”. “No hay un sólo psicólogo clínico al que no se le abanen las orejas cuando oye a una persona hablar de la homosexualidad de forma compulsiva”, sentencia Jaime Llinares, “porque lo más seguro es que estamos delante de un homosexual que no se acepta como tal y está proyectando hacia fuera su homosexualidad no aceptada”

 
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