
| Ramón Zallo, catedrático de Comunicación Audiovisual de la Universidad del País Vasco, cree que vivimos «una cierta crisis de valores» y que la cultura ha sido «desplazada por otros intereses» |
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| miércoles, 20 de enero de 2010 | |
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SB- Noticias.- Ramón Zallo, catedrático de Comunicación Audiovisual de la Universidad del País Vasco, autor de obras como «Industrias y políticas culturales en España y el País Vasco» y «El mercado de la cultura» afirmó en Radio San Borondón que la Cultura tiene que pedir que piensen en ella porque «está un poco desasistida, desplazada por otros intereses, sacrificada en los presupuestos restrictivos. La cultura requiere un impulso colectivo para no solamente que pueda tener más dotaciones sino sobre todo para que vaya en la buena dirección.» Zallo afirmó tener un «concepto antropológico de la cultura. La cultura no es un recetario temático sino sobre todo es un modo de vida, un modo de encarar la vida, una herramienta formidable de cara a gestionar los problemas del presente. Sobre todo, tiene esa carga simbólica, que siempre es un referente para tomar decisiones en un ámbito u otro y que tiene que ver siempre con el progreso de una comunidad determinada. Yo siempre vinculo a la cultura al modo de vida a proyectos colectivos, a adaptación a los retos del presente en un mundo cambiante y, naturalmente, también es un conjunto de obras, de producciones que forman parte de ese mundo y que permiten, además, dar saltos porque eso significa una especie de entrenamiento colectivo cada vez que obras determinadas influyen en esa cultura colectiva.» El catedrático de Comunicación Audiovisual de la Universidad del País Vasco señaló asimismo que «depende en qué término utilizamos cultura. Desde le punto de vista de la planificación o de las críticas públicas se puede favorecer más a unas culturas que a otras, pero en general debe tener un tratamiento que ayude a todas. No cabe establecer el baremo de lo que es bueno o malo salvo en el caso de que tengan ayudas extraordinarias. A la Administración no le toca categorizar a lo que debe verse o no porque no es su competencia porque para eso está la crítica, los medios de comunicación.» «La cultura, en general, en ese sentido de una cultura amplia, que merece apoyo, la hay de buena y mala calidad», señaló Zallo, quien añadió que «en ese momento estaremos hablando ya no de la cultura culta sino de otra clase de cultura: la cultura popular, la cultura de masas, la cultura de las industrias culturales o la cultura del espectáculo. Y de esto hay bueno y malo. Creo que es una cuestión de aprendizaje, de educación colectiva, de ensayo, prueba y error, que es lo que le tiene que ir diciendo a cada uno qué es lo que le gusta o no, o que es lo que le parece bueno y malo. Las políticas culturales sí que tienen, de hecho, una función a medio plazo de educación estética.» Para Ramón Zallo «el hecho de que prácticamente la generalidad de la sociedad en las edades más tempranas pasa por el sistema educativo, contrariamente a lo que ocurría antes y que eran una elites las que accedían al sistema educativo en su conjunto –incluido el universitario– creo que en ese aspecto se ha mejorado, al haberse generalizado ese proceso educativo, esa influencia del sistema, o por lo menos la oportunidad del sistema para educar. Además, de hecho, que ocurra no hasta los 12-14 años, sino que se haya podido plasmar también en la ESO y que luego, el acceso a la universidad sea más amplio. Lo que pasa es que eso coincide, al mismo tiempo, con una cierta crisis de valores, una crisis de modelos interpretativos generales por la crisis de las ideologías, de los modelos, de los paradigmas. Naturalmente, la tendencia de los jóvenes ha sido más implicarse en destrezas en las que son mucho más válidos, mucho más aptos que otros que tienen la capacidad de combinar unos elementos con otros, con más frescura, más rapidez, con más resortes imaginativos. Quizás en detrimento de esos relatos de pensamiento, de esa reflexión más genérica que forma más parte de mi generación. Creo que con el tiempo, en la medida que también el ámbito de las destrezas va declarando sus limites (al final, los contenidos culturales son los que marcan la diferencia y no las destrezas, que son habilidades, impulsos más emocionales), eso va a ser imprescindible y habrá, con el tiempo, un encuentro entre nuevos relatos que se irán construyendo y la utilización de herramientas formidables para hacer una cultura para este tiempo.» |
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