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«América Latina está cambiando y al cambiar está cambiando el mundo» PDF Imprimir E-Mail
jueves, 21 de enero de 2010

SB- Noticias.- La noche de ayer miércoles 20 de enero tuvo lugar la presentación en la Sala San Borondón de La Laguna de una edición especial de la revista «El terrero» titulada «América Latina hacia su segunda independencia», que Intersindical Canaria (IC) ha querido dedicar íntegramente a Latinoamérica. En dicho acto, además de los representantes de Intersindical Canaria Lucía Rodríguez y René Behoteguy y de Tatiana Delgado (representante del Comité Canario de Solidaridad con los Pueblos), también participó en la presentación y charla el Cónsul de Venezuela en Canarias David Enrique Nieves Banchs.

En el transcurso de la presentación, René Behoteguy, representante de Intersindical Canaria, economista y escritor boliviano, excónsul de Bolivia en Madrid explicó que «el primer artículo de la revista –que he tenido el atrevimiento de escribir yo– trato de enfocar el proceso global de América Latina. Comienza con una frase que dice “América Latina está cambiando y al cambiar está cambiando el mundo”. Esa fue la idea, mostrar este cambio que América Latina le está ofreciendo al mundo, y que es lo fundamental que trata de reflejar la revista.»

Behoteguy afirmó que «partimos de un hecho histórico que es el proceso de transformación política y social probablemente más importante y de mayor calado que se ha haya dado en muchísimos años y probablemente en la historia de la humanidad porque nunca se había visto a tantos pueblos juntos construyendo un sueño tan distinto a la realidad que nos obliga a pesar como único el sistema capitalista. Pongámonos a pensar que en 1990, cuando acaba de caer el Muro de Berlín y cae el bloque socialista, los pensadores del libremercado, los mercaderes del conocimiento no hacían creer que en el mundo sólo era posible y era el final de la historia pensar en lo que decía Fukuyama de que economía liberal, de libre mercado más democracia liberal. Esto se traduce en que la democracia sólo es el acto ritual, casi fetichista, de cada cuatro años de depositar un papelito en una urna y olvidarse. Entregarle el poder de decisión a los políticos y a los hombres poderosos del mundo era a lo más que podíamos llegar los humanos.»

«Pero nos cuestionamos cómo este mundo mejor», señala Behoteguy, «este final de la historia que nos planteaban como la máximo en las sociedades humanas –una vez caído el bloque socialista, que era el capitalismo con la economía de mercado y la democracia liberal– condena a la exclusión y a la muerte a más del 70% de la humanidad, que genera que cada 5 segundos se nos muere un niño de hambre en el mundo, genera un mundo en el que las tres personas más ricas tienen más dinero que los 20 países más pobres del mundo juntos. Eso es inadmisible como lo mejor a lo que puede llegar la especie humana. Si eso es lo mejor que podemos hacer los humanos, apaguemos la luz y vayámonos a otro lado. Es patético y pavoroso.»

Según el economista y escritor boliviano, «no estaba escrito el final de la historia porque este modelo neoliberal que el imperialismo trasnacional impuso al mundo a través de sus organismos, como el FMI y el Banco Mundial, y que obligó a aplicar la misma política económica en todos lados. Decía que había que reducir el gasto público y acabar con las empresas estatales lo mismo en Bielorrusia que en Haití, que en Etiopía o en Bolivia. Ese modelo único para todos, ese modelo de pensamiento de consumir lo mismo, comprar lo mismo, o lo que han venido a llamar globalización, ha comenzado a generar en América Latina mucha grietas. En primer lugar, porque se han destruido las industrias nacionalesa través de lo que se llamó implantación del modelo neoliberal en América Latina, se han destruido las empresas nacionales, se ha condenado al paro y a a la exclusión a las grandes mayorías, se ha sumido en una mayor pobreza a los pueblos indígenas, se han generado países donde la clase media prácticamente ha desaparecido y unos cuantos muy ricos son dueños de todos los recursos y el resto es inmensamente pobres, en países muy ricos como son los latinoamericanos.»

Para el excónsul de Bolivia en Madrid, «una elite oligárquica, dueña de todos los recursos ni siquiera están en función de los intereses del país sino en una nueva forma y esquema de colonialismo, sirve a los intereses de estos grupos trasnacionales. Así, en toda América Latina, a partir de los años 90, se empiezan a privatizar primero las empresas públicas, después las empresas de servicios. Ya el agua pasa a ser un bien prácticamente suntuario para los más pobres en América y es más un negocio de las empresas que un derecho de las personas. Después se inician procesos más lentos pero cada vez más acentuados, privatizando la sanidad y la educación. Es lógica de que todo es privado y todo es mercancía genera una crisis muy grande.»

 
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