You are at: Inicio arrow Opinión arrow La metamorfosis de Andresín: ¿Dr. Jekyll y Mr. Hyde?
La metamorfosis de Andresín: ¿Dr. Jekyll y Mr. Hyde? PDF Imprimir E-Mail
jueves, 15 de abril de 2010
Escrito por Armando Marcos. Periodista  
Querido César Rodríguez Placeres: Un buen amigo tinerfeño (Puerto de la Cruz) ha tenido el detalle de enviarme la etiología y el diagnóstico –su enfermedad no tiene cura- de  la "calentura-vómito" de un tal Andrés  sobre mi intervención en Radio San Borondón. Bueno, son cosas del oficio, un exabrupto más de Andresín “el gordo” producido, probablemente, por una alta concentración de grasas insaturadas con el colesterol por encima de los 400 mg/dL. Este tipo de patología que incluye el histrionismo y el delirium no tiene solución. Se padece de por vida. Aunque el caso clínico que tratamos de analizar para evitar que se convierta en una pandemia, suele ir acompañado de grandes ramilletes de divertículos que causa fuertes dolores en el colon, dispepsia, gases, estreñimiento y malestar general más conocido como barriga de tamboril (pez globo) o de foca que, en el “caso clínico” de Andresín, se agrava como consecuencia de sus almuerzos opíparos a base de piensos compuestos marca La Foca.

Algunos de estos enfermos han sido víctimas de alguna mordedura de perro o que haya recibido el virus de la rabia a través del contacto con la saliva del animal enfermo. Este virus neurotrópico se caracteriza por una irritación en los sistemas nerviosos centrales, seguida de parálisis y muerte. Tanto en el hombre como en los animales, cuando los síntomas del mal se manifiestan, ya no hay cura posible: la muerte es inevitable. En el hombre, el primer síntoma es fiebre poca intensa (38ºC), acompañada de dolor de cabeza y depresión nerviosa. Enseguida, la temperatura se eleva llegando a los 40/42 grados. Luego, la víctima comienza a mostrarse inquieta y agitada, sufre espasmos dolorosos en la laringe y comienza a respirar y a tragar con dificultad. Los espasmos se extienden después a los músculos del tronco y de las extremidades en forma intermitente y acompañados por temblores generalizados, taquicardia y detención de la respiración.

El hombre, a la inversa del perro, se torna hidrófobo (sufre espasmos violentos cuando trata de beber agua). ¿Te imaginas a Andresín, admirado César, cómo podría reaccionar si se bebiera media botella de wisky con burgaos, ranas y lapas? Sería imprevisible y explosivo. Una temeridad para toda la población mundial. Peor que la lluvia ácida. Frecuentemente, estos pacientes experimentan ataques de terror y de depresión nerviosa, presentando tendencia a la vociferación, los alaridos y la agresividad, con accesos de furia, alucinaciones visuales y auditivas, babas y delirio. Es entonces cuando se observa parálisis fláccida del rostro, de la lengua, de los músculos de la deglución, de los oculares y de las extremidades de los miembros. Más tarde, la perturbación puede extenderse a todo el cuerpo. Según aseguran todos los médicos y científicos –veterinarios incluidos- la rabia presenta una evolución inexorablemente fatal e irreversible para el paciente convertido en hombre lobo del que todo el mundo huye…  

Tengo por costumbre no caer en la tentación de ir al trapo de ningún toro en estado catatónico. Pero del "toro" del que hacemos referencia no es ni siquiera un toro bravo que son los que luchan contra el torero con bravura, con honor, con valentía y mueren con dignidad. Aparte, of course, de que el rabo del toro bravo es más exquisito que el del otro toro gordo y barrigudo (Andresín) que solo hace muuu antes de empezar a hablar y que suele ser un patán con  algo de dislexia en una parte de su cerebro. ¿Qué puedo decir del tal  Andresín que el común de los mortales no sepa? Lo que sabemos de este humanoide rabioso es que ha sufrido diversas transformaciones en su cerebro con cambios bruscos de personalidad. Algo así  como La Metamorfosis de Franz Kafka que narra la historia de Gregorio Samsa, un comerciante de telas que vive con su familia a la que él mantiene con su sueldo –no precisamente ejerciendo como Andresín de mercenario de la pluma- quien un día amanece convertido en una criatura no identificada claramente en ningún momento, pero que tiende a ser reconocida como una especie de cucaracha gigante como es el caso de Andresín convertido en una cucaracha voladora, trepadora y depredadora. Una cucaracha de las que dan asco.

Por lo que respecta al bueno del ciudadano Andrés Chaves, confesar con sinceridad y cariño que siempre me pareció un tipo cojonudo, encantador y gracioso. Un periodista con una ironía calculada y ácida que, en otros tiempos no tan lejanos (1991-1993), creo que era un profesional de primera categoría. Un provocador/profesional de lujo sobrecargado de mucha alegría al que tuve la suerte de tenerlo como tertuliano en el programa Debate que presenté y dirigí en TVE. Programa donde intervino Andrés Chaves en más de veinte ocasiones. (Los Debates están archivados en RTVE y guardo las copias originales en mi casa). Jamás he cuestionado ni cuestionaré a Andrés Chaves como excelente periodista y buena persona. Pues sería injusto no reconocer su valía profesional y preparación cultural e intelectual que está avalada –que no blindada-, según él mismo escribe y asegura: “La verdad es que mis dos carreras de periodismo y mi doctorado en la Complutense pueden ser la base suficiente para que yo sea un buen periodista”. Yo, humildemente, no puedo decir ni presumir de lo mismo, pues siempre he sido un periodista de oficio y de raza. Nada que ver con los doctorados…

Respeto las divergencias ideológicas y la rivalidad política. Respeto las disidencias y el supremo derecho a discrepar y cambiar de opinión diez y veinte veces al día. Pero, estimado Andrés Chaves: con lo que ya no estoy de acuerdo –aunque lo respeto- es con los bruscos virajes ideológicos pasando de la socialdemocracia al socialismo republicano; de la derecha a la ultraderecha; de la izquierda a la ultraizquierda o del nacionalismo criollo y bananero al “independentismo cavernícola y troglodita”. Lo mismo encabezas una cruzada terrorífica contra don José Ramírez, editor y propietario de El Día, al que otrora demonizaste y desangraste con tus críticas viscerales; o un día amaneces con un “cambio de opinión” y te da  por elevarlo a los altares solicitando su canonización urbi et orbe. Es decir, de verdugo crítico, cruel e implacable, pasas a convertirte (metamorfosis) en defensor sin límites de la persona a la que has martirizado y desacreditado públicamente. Lo mismo que has hecho con don José Ramírez lo has practicado con ira contra Miguel Zerolo, Manuel Hermoso, Paulino Rivero y una lista interminable como si fuera la lista de Schindler. (Las hemerotecas, fonotecas y videotecas son notarios, jueces y fiscales infalibles).

Un “travesti de la política” o un “travesti del periodismo” es víctima de sus infiernos y de sus contradicciones. Se convierte en una serpiente devoradora y acaba actuando como El Avaro de Moliere: la avaricia ciega su dignidad y fulmina sus principios morales y éticos. Actúa como las mujeres que son, como el Diablo, parientes de Lucifer que se visten por la cabeza y se desnudan por los pies”. Una vez perdida la dignidad y podrida su conciencia, “el travesti del periodismo” es capaz de vociferar (aunque acabará naufragando por la boca) insultos cobardes y subliminales como: “mariconzones de la isla de San Borondón, mariquitas más que mariconzones” sin tener la hombría ni la valentía de escribir Radio San Borondón o Revista Digital San Borondón ¿Acaso te has convertido también en un homófobo y piensas abanderar una cruzada contra los homosexuales y lesbianas? 

De Andrés Chaves conservo recuerdos muy gratos –aunque él haya perdido la memoria voluntariamente- de su paso por mi programa Debate en TVE cuando era director de la agencia AIN o algo parecido. Previo a la grabación, celebrábamos un almuerzo en el hotel Santa Catalina en la buena compañía de Ángel Tristán Pimienta cuando era subdirector de La Provincia, de Leopoldo Fernández Cabeza de Vaca, ex director del Diario de Avisos, y de José Luis Torró Micó, ex director de Canarias7. ¡Qué tiempos, Andrés! Inolvidable algunos de los debates con invitados y políticos que están en las páginas de nuestra historia más reciente como Santiago Carrillo, José María Aznar, Alfonso Guerra, Pedro Solbes y otros ministros, así como políticos canarios como Manuel Hermoso, entre otros, al que siempre he respetado.

Aunque el paso de los años te hayan provocado amnesia voluntaria, ¿recuerdas cuando te reías y te mofabas de José Carlos Mauricio cuando le preguntaste a Carrillo en mi programa de TVE: ¿qué le parece don Santiago los cambios de Mauricio que, después de haber sido su delfín en el PCE, resulta que ahora se ha convertido en un nacionalista independentista? Y Santiago Carrillo te contestó: “Mauricio es un travesti de la política”. Comprenderás que nada tengo que reprocharte. Mucho menos insultarte. No es mi estilo, maestro, profesor. Lo que sí lamentaría es que, como en el “caso” que expuse anteriormente de Andresín, corras su mismo destino y sufras una metamorfosis brutal retornando al pleistoceno pitecántropo del independentismo criollo y acabes en el cenáculo de los fracasados. Sería terrible y no te lo deseo.   

 

 
< Anterior   Siguiente >